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miércoles, 27 de febrero de 2013

Frente al espejo.

Frente al espejo.



Cada mañana, mientras se lavaba los dientes frente al espejo, alzaba la mirada para encontrarse con una persona que no lograba reconocer. Aquel que tenía enfrente no era él, sino una copia mal hecha de su propio yo. Un sentimiento de profunda desidia le había robado el fuego de sus ojos. Como dos cuencas, vacías y sin brillo alguno, que le devolvían una mirada que proyectaba un inmenso cansancio. 

Era un ser agotado, de luchar, de gerrear contra su propio yo. Un yo odioso, que le invitaba a abandonar, a dejarse ir... Un yo derrotado que no había entendido aún que la vida es una constante batalla por aquello en lo que crees, por aquello en lo deseas convertirte.

Frente al espejo, se prometió así mismo que nunca volvería a escuchar a ese yo, cobarde y pesimista, derrotado y sumiso ante cualquier situación. 

Ese yo, estaba destinado al fracaso, al desconsuelo y a la destrucción. Así que pulsó el botón de su cámara en un acto instintivo de pura supervivencia, como para dejar claro quién era su verdadero yo. Al mismo tiempo se prometió que nunca dejaría de pulsar ese botón, pues la misma acción de hacerlo significaba la esperanza, el progreso, la consumación de convertirse en aquello que era en realidad. 

Fin.

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